¡¡¡Hola!!!! Gracias por las palabras de todas a mis llaveritos y a mi tutorial!!!! Creo que han sido muuuuyyyy generosas!!! Recién vuelvo de la última reunión y despedida de año en el Jardín y todas quedaron muy contentas con el pequeño regalo. Estoy realmente agotada, en la última reunión hacemos una autoevaluación institucional, y me resulta difícil porque a veces surgen roces o antiguos rencores, diferencias tontas entre la gente adulta... no es fácil mediar. Todavía quedan varias tareas que hacer antes de poder estar definitivamente de vacaciones.
Pero bueno, mejor hablemos de navidades... Saben que Nanny me pidió que le contara algo sobre las navidades de verano, porque no logra imaginarlas!!! Les cuento que en Santa Fe hace muuuucho calor, y hay muuucha humedad, lo que provoca que el calor se sienta más aún. La Navidad debería celebrarse con comidas frescas y livianas, helados y frutas pero... ¡¡¡¡no es así!!!! Tal vez porque somos un pueblo formado por inmigrantes europeos, nos apegamos a las tradiciones y aunque nos morimos de calor comemos budines llenos de frutos secos, turrones, chocolates,pan dulce, garrapiñadas, además de lechón y esas comidas pesaditas (que yo no como casi porque no me gustan)... A Papá Noel lo vestimos con traje invernal, y en los arbolitos (ahora no pero cuando yo era chica sí) poníamos "nieve" (artificial, claro...) No nos faltan los renos, aunque no hemos visto uno en toda nuestra vida ja ja!!!
Buscando entre mis fotos, encontré una de mis navidades infantiles .
En la foto tengo 5 años y muchas ganas de ser alta (todavia no sabia que quedaría en 1,58 je jee) El bebé es mi primo y la nena pequeña mi hermanita Silvina. Cuantos años!!!!! Estas otras fotos son algunas navidades de mis niños. Fíjense la expresión nerviosa de Camila, una mezcla de emoción, susto y alegría...
En estas fotos están en el mismo lugar donde sacaron la foto en la que yo soy chiquita: el rincón de la casa de la abueli donde armábamos el arbolito... ¡era una fiesta ayudar en esa tarea!!!
Como ven, los años pasaban y nuestro Papá Noel oficial seguía siendo el mismo... Mi cuñado Miguel, que se sigue disfrazando porque todavía tenemos a Benjamín, mi sobrinito de 4 años...
Ahora que pasaron los años, ya no siento el mismo entusiasmo de cuando era niña. Me duele demasiado el mundo, la realidad de tanta diferencias sociales y culturales que se hacen cada vez más profundas... Me duele ver lo que está pasando en mi país, donde un montón de gente está excluída y sin esperanza. Me duele la comercialización obcena que se hace de la fiesta navideña, olvidando el verdadero significado de la misma, y dando la espalda al Niño bendito que nació en Belén.
Hace tiempo encontré en un libro de Pablo Gentili, un pedagogo argentino que vive y trabaja en Brasil, a quien leo mucho y admiro, un texto sobre la navidad que me parece excelente y quiero compartir con quienes tengan ganas de leerlo.
Ojalá podamos todos los que estamos "adentro" mirar un poco a nuestro alrededor y, en lugar de adormecer nuestra conciencia con la caridad, podamos trabajar para cambiar las cosas y ayudar en la construcción de un mundo con lugar para que muchos más puedan vivir con dignidad...
Buenos Aires, 24 de diciembre. Son las nueve y media de la noche. La ciudad vive la tensión de los minutos previos al encuentro navideño. Casi todos están apurados. Muchos llevan paquetes envueltos en magníficos papeles de colores. Dos parejas disputan el único taxi libre que todavía circula por la Recoleta, uno de los barrios más exclusivos de la ciudad. En la esquina de las calles Juncal y Suipacha, la Iglesia del Socorro está absolutamente llena. Allí, la misa de Navidad congrega centenas de fieles, muchos de los cuales pertenecen a distinguidas familias de la sociedad porteña. Visten ropas elegantes y lucen joyas finas. Las de siempre, aunque esa noche sus colores parecen más brillantes. Dentro y fuera de la iglesia se han formado dos largas hileras. Una se desplaza lenta y ordenadamente por la nave central. Las flores, los cantos, las velas y la imponencia del altar hacen más conmovedora la espera para recibir la comunión. Del lado de afuera, otra fila, menos organizada aunque no menos numerosa, se mantiene inmóvil en el lateral derecho de la iglesia. Son mujeres y hombres de casi todas las edades. Muchos cargan niños; casi todos, bolsas y paquetes, aunque sin magníficos paquetes de colores. Ninguno lleva regalos. Hacen fila y esperan con el mismo respeto con que los comulgantes esperan su turno para recibir el cuerpo de Cristo. A diferencia de éstos, no cantan. Sus ropas lucen gastadas, rotas, sucias y no tienen anillos, pendientes o collares luminosos. Son pobres y, aunque ese día son muchos más, su presencia se ha ahecho familiar en el selecto barrio de la Recoleta. Los pocos que ocasionalmente dicen algo reclaman que, esta vez, la noticia ha circulado con muchísima velocidad. Algunos comentan que viajaron más de tres horas para llegar hasta allí. Otros se quejan. Dicen que siempre en esas fechas aparece un montón de aprovechados. La misa termina. Los de adentro salen. Los de afuera esperan. En pocos minutos, todos tendrán su cena de Navidad.
Cariños a todas, deseo que vivan felices días de preparativos navideños, dando gracias y rodeadas de amor!!!! Besos!!!!